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La elección del tratamiento depende de diferentes aspectos, por lo que debe ser un médico especialista el encargado de definir el mejor tipo de tratamiento para cada paciente. Principalmente, se tienen en cuenta los siguientes aspectos:(1)

  • La probabilidad de que el tumor se encuentre únicamente dentro de la glándula prostática
  • El tamaño del tumor y su grado de agresividad
  • La edad del paciente, su estado general y la presencia de otras enfermedades
  • Los posibles efectos secundarios que puede tener cada tipo de tratamiento en un paciente determinado

Tratamiento

Hoy día, existen diversos tratamientos de eficacia contrastada en caso de que el tumor esté localizado dentro de la próstata:

Cirugía

: consiste en la extirpación de la próstata y las vesículas seminales por vía abdominal, perineal o laparoscópica (asistida o no por robot). Este tipo de cirugía se conoce como prostatectomía radical . Algunas veces, se extraen también los ganglios linfáticos de la zona pélvica (parte inferior del abdomen, localizada entre los huesos de la cadera). Este tratamiento puede realizarse usando una técnica llamada cirugía conservadora de nervios , que puede evitar que se dañen los nervios necesarios para la erección. Sin embargo, la cirugía conservadora de nervios no siempre es posible.

Radioterapia

: consiste en la administración de radiación a la próstata. La radioterapia se administra, por lo general, de forma ambulatoria usando un haz externo de radiación. Puede ser administrada por vía externa (convencional) o implantando semillas radioactivas dentro de la próstata (braquiterapia). Los pacientes con cáncer de próstata de alto riesgo son candidatos a asociar a la radioterapia, una terapia hormonal durante un periodo de 2 años.

En algunos casos pueden emplearse tratamientos mínimamente invasivos

Vigilancia active

: en pacientes con tumores de muy bajo riesgo y con muy poca afectación de la próstata puede recomendarse no hacer tratamiento activo y vigilar. Estos pacientes son examinados regularmente y se realizan análisis de PSA y, algunas veces, tienen biopsias y resonancia magnética programadas. Si hay evidencia de que el cáncer ha progresado, se podría recomendar un tratamiento activo. Los pacientes de mayor edad y los que tienen problemas médicos graves pueden también ser candidatos para la vigilancia activa.

Crioterapia prostática

: consiste en el tratamiento de la próstata y el tumor mediante congelación. Es una técnica quirúrgica poco invasiva y con mínimas complicaciones que requiere sólo 24 horas de ingreso. En estos momentos se puede aplicar a pacientes mayores de 65-70 años con tumor localizado en la próstata o bien si el tumor reaparece después de radioterapia. Su efecto secundario más relevante es sobre la función sexual. En un futuro muy cercano, será una herramienta fundamental para el tratamiento focal del tumor.
En los casos en que las células tumorales se encuentra también en tejidos cercanos a la próstata, las principales opciones de tratamiento son: (2, 3)

Tratamiento hormonal

: las hormonas son sustancias químicas que genera el cuerpo de forma natural y se encargan de controlar diferentes procesos fisiológicos. En los hombres, una de las más relevantes en relación a la regulación de los órganos sexuales es la testosterona. Sin embargo, esta hormona también puede hacer crecer las células tumorales de la próstata. Por ello, esta opción terapéutica tiene por objetivo reducir la cantidad de hormona que llega a la próstata. También se conoce como supresión hormonal o supresión androgénica (la testosterona forma parte de un grupo de hormonas conocido como andrógenos), y de forma más genérica castración química. En ocasiones, puede emplearse juntamente con la radioterapia para hacer un tratamiento más efectivo.

Prostatectomía radical

: este tipo de tratamiento (explicado con detalle en el apartado de “Tratamiento del cáncer de próstata localizado”) solo está indicado en un reducido número de pacientes con cáncer de próstata localmente avanzado. Puede acompañarse también de radioterapia para mejorar su efectividad.
Hoy en día, el porcentaje de pacientes que se diagnostican en fase metastásica ha disminuido hasta el 3-6%. Por otro lado, un 30% de aquellos considerados inicialmente localizados y sometidos a tratamientos con intención curativa desarrollarán metástasis. La metástasis óseas se producen en la mayoría (~90%) de los pacientes de cáncer de próstata durante el curso natural de la enfermedad y por lo general se dirigen a la columna lumbar, vértebras, y la pelvis. Estas lesiones metastásicas son intrínsecamente más débiles que el hueso normal y pueden originar múltiples secuelas denominadas "eventos relacionados con el esqueleto”, que pueden producir dolor en los huesos, fracturas patológicas, compresión de la raíz nerviosa, compresión de la médula espinal o hipercalcemia, y por lo tanto constituyen una de las principales causas de morbimortalidad en estos pacientes.

El pilar fundamental del tratamiento del Cáncer de Próstata metastásico es el tratamiento hormonal (supresión hormonal o supresión de andrógenos). Es habitual en la gran mayoría de pacientes inicialmente, si bien un 90% de los pacientes acaban progresando y evolucionando a un estadio de resistencia a este tratamiento, en un periodo comprendido entre los 18-24 meses.

El tratamiento hormonal pretende disminuir los niveles circulantes de testosterona que se considera que estimula la progresión tumoral. Para ello se administran fármacos conocidos como análogos de LHRH (inyectable) con o sin un antiandrógeno asociado (vía oral). El tratamiento debe estar médicamente supervisado; son necesarios controles periódicos con su urólogo y realizar el análisis de PSA y testosterona en sangre, así como vigilar los posibles efectos secundarios derivados del tratamiento.
El manejo del tumor metastásico que ya se ha hecho resistente al tratamiento inicial ha cambiado en pocos años. En el año 2004 sobrevino el primer cambio cuando se demostró que el tratamiento con quimioterapia mejoraba la supervivencia de los pacientes. Actualmente estamos viviendo un nuevo episodio de revolución y mejora en el tratamiento de esta fase de la enfermedad a consecuencia de la inversión en investigación básica y molecular. Están apareciendo nuevas terapias hormonales, quimioterapias y radiofármacos…, entre otros, que revolucionan el tratamiento de la enfermedad en los estadios avanzados, tanto dirigida al tratamiento del tumor en sí como dirigida a las vías de propagación, sobretodo al hueso.

Todo ello, amplía de una forma muy significativa el arsenal terapéutico, lo que supone una mejora importante tanto en la calidad de vida como en la supervivencia global de los pacientes.

En esta fase de la enfermedad se requiere un control médico estricto y acudir a centros especializados en tumores urológicos donde diferentes especialistas (urólogos, oncólogos médicos y radioterápicos) revisarán el curso de la enfermedad. Serán necesarios tratamientos múltiples, complementarios, que pueden ir desde terapias farmacológicas a técnicas quirúrgicas para el control del avance local del tumor, o bien radioterapia para el control de complicaciones fundamentalmente óseas.

“¿Puedo no tratar mi cáncer de próstata ?” de la Dra. María José Ribal.

  1. González A, Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Cáncer de próstata. 2013 [actualizado 15 Mar 2013; citado 3 May 2015]. Disponible en: http://www.seom.org/en/informacion-sobre-el-cancer/info-tipos-cancer/genitourinario/prostata
  2. Carballido J, Calvo V, Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC). Cáncer de próstata. Guía para pacientes y familiares. 1ª ed. Madrid: Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC). 2014.
  3. Mottet N, Bellmunt J, Briers E, van den Bergh RCN, Bolla M, van Casteren NJ, et al. Guidelines on prostate cancer. European Association of Urology. 2015.